Oposición débil y comodina

La oposición en México integrada básicamente por el PAN, PRI y Movimiento Ciudadano parece haber reducido su lucha a las redes sociales. Ahí se siente cómoda. Desde ahí critica, se queja y lanza mensajes contra el gobierno, pero eso no es suficiente para presionar de verdad al poder.
Una cosa es publicar comentarios desde un celular y otra muy distinta es salir a las calles, organizar a la gente y encabezar causas reales. Hasta ahora, la oposición parece hacer más ruido que trabajo político serio. Sus acciones se ven más como berrinches que como una estrategia capaz de sumar a la sociedad.
Morena, cuando era oposición, sí entendió cómo presionar. Aunque era minoría, salía a las calles, movilizaba gente y obligaba al gobierno a responder. Sus protestas tenían fuerza y costo político para quienes estaban en el poder.
El Partido Verde no cuenta en este tema, porque nunca ha sido una oposición real. Siempre ha sabido acomodarse con quien gobierna. Estuvo con el PAN, luego con el PRI y ahora dice formar parte de la 4T.
Hoy, en cambio, vemos una oposición débil, cómoda y sin conexión con la mayoría de la sociedad. Parece esperar que Estados Unidos influya en la política mexicana, en lugar de hacer su propio trabajo dentro del país. Eso muestra falta de fuerza y de liderazgo.
Mientras la oposición limite casi todo a las redes sociales, los grandes problemas de México seguirán sin una respuesta fuerte. La inseguridad, la falta de contrapesos, el abuso de poder y el descontento ciudadano no se enfrentan solo con publicaciones, videos o comunicados. Se enfrentan con organización, presencia en las calles y trabajo constante.
Hay algunas excepciones, pero la mayoría de estos opositores no quiere salir de su zona de confort. No quieren dejar sus oficinas, sus privilegios ni sus protestas cómodas. Quieren dirigir el enojo social, pero sin asumir riesgos.
Se dice que “el ejemplo arrastra”. Pero con una oposición tan tibia, es difícil que la sociedad se sienta motivada a seguirlos.
Mientras no estén dispuestos a ensuciarse los zapatos, caminar las calles y convertir las quejas en acciones reales, seguirán siendo una oposición débil, pequeña, sin fuerza y sin verdadero respaldo social.