Fraude educativo en el COBACH de San Luis Potosí
Lo sucedido con al menos tres libros de texto del Colegio de Bachilleres (COBACH) en San Luis Potosí no tiene nombre. Es un acto imperdonable que debe tener consecuencias reales para los responsables.
Los padres de familia están sumamente molestos, por la calidad y por el precio. Los libros no fueron gratuitos ni subsidiados por el Gobierno del Estado de San Luis Potosí. Cada familia pagó entre 1,200 y 1,600 pesos por paquete. La compra fue obligatoria, en efectivo y sin recibo.
San Luis Potosí tiene aproximadamente 31,000 alumnos en el COBACH. Haciendo cuentas, el desembolso global ronda los 43.4 millones de pesos. ¿A dónde fue a parar ese dinero?
Errores desde la primera página en todos los libros.
“Nos pidieron el pago en la escuela. Nos dijeron que eran libros nuevos, hechos por el COBACH, que eran necesarios y más económicos que los de editorial”, denunció una madre de familia que se atrevió a exponer el tema ante los medios. Lo que recibió fue un paquete de materiales mal editados, mal impresos y, en muchos casos, inútiles.
Estos materiales presentan textos sin sentido, plagados de errores ortográficos, inconsistencias de contenido y hasta imágenes que tapan el texto. Es una muestra de negligencia editorial tan grotesca que raya en el insulto.
Por mencionar solo algunos ejemplos:
En el libro "Ecosistemas: Interacciones, energía y dinámica", el error aparece desde la portada con la palabra ENERGIÁ
En el Curriculum Ampliado, hay fallos notorios en las páginas 11, 13, 86 y 99.
En el libro de Humanidades, página 171, una imagen está sobrepuesta al texto.
Y en el libro "Taller de Ciencias II", página 25, se encuentra lo siguiente —copiado literalmente—:
“Organiza bien tus datos, utiliza tablas claras con headeras, coo vinidades o definidas acunienas, Ada labeles, titulos, unnitudes 1 ugenda para sesenda r incrrotracion.”
¿Leyó bien? Porque no se entiende absolutamente nada.
El siguiente párrafo no mejora:
“Observe si hay un árlación directa o inversa entre las variables. ¿Harán imono que msresa? ¿Que evidence tienes para o otra rejecticias?”
Pero lo más grave no es solo la pésima calidad del contenido. Es el misterio que envuelve su creación.
Estos libros no tienen ISBN, el código internacional que identifica oficialmente a una publicación. No hay editoriales acreditadas. No hay autores ni responsables. No hay revisión. No hay rastros.
Errores ortográficos constantes e imagenes que tapan el texto.
Son, literalmente, libros fantasma. Publicaciones “independientes”, sin control, sin rigor y, peor aún, sin responsables visibles. Todo parece diseñado para la opacidad: sin nombres, sin huellas, sin consecuencias.
Cuando el escándalo estalló, gracias a la denuncia de padres de familia indignados, el COBACH respondió con un comunicado pobre, ambiguo y evasivo. Aquí un fragmento:
“El Colegio de Bachilleres (Cobach) informa respecto al material bibliográfico que estos son elaborados por docentes capacitados en la asignatura correspondiente, por lo que ellos se dedican a elaborar el contenido del material, los cuales tienen un costo simbólico y accesible para los padres de familia, de $145 pesos en promedio cada uno...”
¿Costo simbólico? ¿$1,300 por nueve libros es simbólico?
El comunicado continúa afirmando que se busca adaptar los contenidos al contexto del alumnado y que los libros cumplen con la malla curricular federal. También menciona que son “pioneros a nivel nacional” en elaborar estos textos. Eso no es un mérito, es una advertencia.
Por si fuera poco, el COBACH asegura que los libros incluyen una hoja para enviar sugerencias o “identificar oportunidades de mejora”. Como si los errores fueran detalles menores y no un fracaso integral.
El director general del COBACH, Ricardo Daniel Centeno Trejo, debe rendir cuentas. Estos comunicados no bastan. Esto no es un incidente para redes sociales o memes. Esto es un fraude educativo que compromete la formación de miles de jóvenes.
¿Qué clase de formación puede ofrecer una institución que entrega libros que ni siquiera pasaron por una revisión ortográfica básica? ¿Con qué cara exige el sistema educativo un mínimo de desempeño académico cuando ni siquiera puede entregar materiales legibles?
Y aquí va una pregunta clave:
¿Quién está haciendo negocio con esto?
La impresión de estos libros representa un negocio millonario. ¿Quién se está beneficiando? ¿Un político de camiseta verde? ¿Un servidor público? ¿Un representante popular? Nada sorprendería.
San Luis Potosí no puede permitir que esto se normalice. Lo que está en juego no es solo la reputación del COBACH: es la dignidad de la educación pública. Padres, maestros, estudiantes y ciudadanos deben exigir:
• Reimpresión inmediata y profesional de todos los libros.
• Devolución del dinero a las familias afectadas.
• Creación de un consejo editorial serio y calificado.
• Auditoría completa al proceso de producción, revisión e impresión.
• Y sí, nombres. Porque alguien redactó esos textos. Alguien los imprimió. Alguien los distribuyó. Y alguien cobró por todo eso.
Y todos ellos deben responder.