Encuestas opuestas sobre Ricardo Gallardo Cardona en marzo de 2026

Así como el día de ayer en este mismo espacio cuestionábamos la veracidad de diversas empresas encuestadoras al publicar datos tan diferentes, hoy exponemos las mimas inconsistencias respecto a la medición que hicieron en marzo de 2026 con el mandatario estatal de San Luis Potosí, Ricardo Gallardo Cardona. Mientras la empresa Consulta Mitofsky lo coloca entre los mejores seis del país, otras tres lo colocan en lugares muy lejanos. Por ejemplo, Cripes lo coloca hasta el lugar 21, CE Research en el sitio 18 y Demoscopia en el lugar 17.
¿Cuál de estas cuatro empresas es la real y cual la manipulada con la realidad?
Si las casas encuestadoras trabajaran con metodologías serias, profesionales y éticas, sus resultados tendrían que ser mucho más consistentes entre sí, y no mostrar diferencias tan marcadas como las que hoy se observan en las mediciones que estamos exhibiendo.
Lo que también resulta profundamente cuestionable es que el gobierno estatal destine miles de pesos de recursos públicos para impulsar la difusión de encuestas favorables, mientras oculta aquellas en las que Ricardo Gallardo aparece con baja aprobación.
Esta práctica no es exclusiva del gobierno de San Luis Potosí. También ocurre en el ayuntamiento de la capital y en los partidos políticos. Basta revisar el trabajo de distintas empresas encuestadoras para encontrar resultados radicalmente opuestos sobre un mismo personaje o escenario.
La manipulación puede comenzar desde el diseño mismo del estudio: al seleccionar muestras que no representan al conjunto de la población, formular preguntas sesgadas, aplicar encuestas en zonas que benefician a determinado actor político, descartar respuestas incómodas o presentar los datos de manera parcial para moldear la percepción ciudadana.
Por eso muchas encuestas han perdido credibilidad. Hoy, más que verse como un reflejo objetivo del sentir social, suelen percibirse como instrumentos de propaganda disfrazados de ejercicios técnicos, utilizados para imponer narrativas, desalentar a adversarios o inflar tendencias que en la realidad no tienen esa magnitud.