El cemento se traga a la Sierra: El negocio de secar a San Luis Potosí

24.04.2026 17:40

El cemento se traga a la Sierra: El negocio de secar a San Luis Potosí
Por: Daniel Martínez, un ciudadano que ya se cansó de pagar pipas

A los potosinos nos están vendiendo el futuro de nuestra ciudad a pedazos, y lo peor es que lo están haciendo frente a nuestras narices. Mientras la mayoría de nosotros revisamos con angustia si hoy nos toca el "tandeo" de agua o si vamos a tener que desembolsar otra vez para pagar una pipa privada, en el poniente de la capital la realidad es otra: ahí, el agua fluye sin problema para llenar albercas y regar campos de golf en los nuevos fraccionamientos de lujo.

¿Cuál es el secreto de este "milagro" hídrico? Que el desarrollo inmobiliario en San Luis Potosí hace mucho que dejó de ser un tema de urbanismo para convertirse en un descarado tráfico de influencias, donde la Sierra de San Miguelito es el botín principal.

A finales de 2021 nos dijeron que la Sierra ya era un Área Natural Protegida. Nos vendieron la foto oficial y el discurso ecologista. Sin embargo, la realidad que vivimos los ciudadanos de a pie, desde Soledad hasta las orillas de la capital, es que la maquinaria pesada no se ha detenido.

Si uno presta atención, el modus operandi del cártel inmobiliario potosino, cobijado por la miopía (o complicidad) de nuestras autoridades estatales y municipales, se sostiene en tres grandes cinismos:

1. Las factibilidades de agua "fantasma"
San Luis Potosí tiene una de las peores crisis hídricas de su historia. El Interapas es un organismo rebasado, que opera en números rojos y que es incapaz de garantizarnos el servicio básico. Y aun así, de alguna manera mágica, las dependencias siguen expidiendo "factibilidades de agua" para autorizar fraccionamientos de alta gama que muerden las faldas de la Sierra. ¿Con qué agua van a abastecer miles de casas nuevas si no pueden ni siquiera llevarle una gota constante a las colonias que ya existen? Es sencillo: están hipotecando los mantos acuíferos que nos quedan para el beneficio de unos cuantos desarrolladores.

2. El fuego como herramienta para limpiar el terreno
No nacimos ayer. Los potosinos hemos visto, año tras año, cómo la Sierra arde en la época de estiaje. Y aunque la narrativa oficial siempre culpa al clima o a paseantes descuidados, es un secreto a voces que muchos de estos incendios son provocados. El fuego hace el trabajo sucio que la ley prohíbe: arrasa con la flora y, casualmente, meses o años después, esos mismos predios quemados son los que intentan cambiar de uso de suelo para meter pavimento. La ley dice que un terreno incendiado no puede urbanizarse en 20 años, pero en San Luis Potosí parece que con los contactos correctos en el Ayuntamiento, la amnesia institucional llega muy rápido.

3. La guerra de los amparos a puerta cerrada
Los grandes dueños del capital no se quedaron de brazos cruzados con el decreto de protección. Hoy mismo, hay despachos de abogados financiados por grupos de poder económico peleando en los juzgados federales para echar abajo el estatus de Área Natural Protegida. Buscan vacíos legales, presionan a los comuneros y usan el sistema judicial para recuperar su "derecho" a destruir el principal pulmón y zona de recarga de agua de nuestra ciudad.

¿Hasta cuándo?
Como ciudadanos, estamos hartos de que la gestión de nuestros recursos sea un negocio privado de las élites. Nos exigen que ahorremos agua mientras ellos pavimentan las zonas que la captan. Nos piden paciencia con el Interapas mientras ellos firman licencias de construcción en lo oscurito.

La Sierra de San Miguelito no es el patio trasero de los desarrolladores inmobiliarios; es la única garantía de supervivencia climática que tiene esta ciudad. Si dejamos que el cemento siga subiendo por el cerro, mañana no habrá pipas que alcancen para calmar la sed de San Luis Potosí. Y para entonces, los que autorizaron este ecocidio ya ni siquiera van a vivir aquí.